11 oct. 2009

El que esté libre de pecado, lance el primer Nobel

La conciencia humana se deteriora mucho más rápido que la capa de ozono, así que deberíamos preocuparnos más por que se firme un acuerdo de honestidad antes que uno como el de Kioto.

NOBEL

Darvin Romero Montiel

Radio Nacional de Venezuela


¿Cuántos hombres y mujeres de todo el mundo tienen años condenando las injustificadas muertes causadas por el uso indiscriminado de armas de guerra; la incomprensible hambruna y los falsos experimentos científicos en los que se utilizan africanos y pobladores del llamado tercer mundo como conejillos de indias para probar supuestas vacunas, antídotos y medicamentos que después son comercializados de tal manera que, si llegan a funcionar, los más pobres no pueden acceder a ellos? ¿Cuántas vidas, por ejemplo, habrán salvado los miles de médicos cubanos que como misioneros han viajado a los lugares más abandonados del planeta para llevar la cura que el capitalismo niega a los menos afortunados? ¿Cuántos han muerto cumpliendo con esta labor? ¿Cuántos líderes del mundo han dicho y hecho mucho más que Obama para merecerse el reconocimiento? ¿Cuántas veces el actual presidente de los Estados Unidos de Norteamérica habrá arriesgado su vida, en nombre de la paz, como sí lo ha hecho, por ejemplo, la senadora colombiana Piedad Córdoba? quien, no sólo ha expuesto su integridad física penetrando en la selva de su país para mediar a favor de los rehenes retenidos por la guerrilla, sino denunciando las complicidades de un gobierno paramilitar que no dudaría en eliminarla en la primera oportunidad. Cuántas veces no ha estado Evo Morales –primer presidente indígena de América- al borde del magnicidio por reivindicar el derecho de los pueblos originarios de su país y el continente, enfrentándose a las mafias explotadoras bolivianas controladas por el Departamento de Estado de los Estados Unidos y la CIA, cuyos antecedentes criminales son archiconocidos.

Pero nada de esto es suficiente para merecer un Oscar… perdón, un Nobel. Lo que sí es suficiente es que Al Gore haya hecho un video para condenar la contaminación ambiental del planeta. Qué importan los centenares de miles de trabajos audiovisuales que se hayan hecho en otras partes del mundo. Basta con revisar Youtube, para encontrar trabajos muchísimo mejores que el que le hizo merecer el premio al exvicepresidente gringo. Lo relevante es que Obama haya dicho lo que han dicho miles antes que él: que Palestina merece ser reconocida como nación soberana y algunas otras cosas bonitas a favor del mundo Islamista, mientras mantiene sus tropas asesinando afganos e iraquíes que también son musulmanes. Y además preserva con Israel el mayor intercambio de armas de la historia, para que el gobierno sionista siga bombardeando hospitales y escuelas en la Franja de Gaza.

Ya no debe quedar la menor duda de que Estocolmo es otra sede del Oligopolio Imperial del Mundo. Tampoco debe dudarse que la derecha internacional está sintiendo el despertar del gigante del Sur y se dispone a atacar con todo. En Europa se afianza la ultraderecha con el triunfo en el Parlamento continental y en los gobiernos más decisivos de ese hemisferio como Alemania, Inglaterra, Francia y Holanda, entre otros. Además como perla, el Nobel de Literatura se le otorga a una anticomunista que no aparecía ni entre los diez favoritos de los intelectuales del mundo, incluyendo sus hoy colegas de galardón. Al día de su nombramiento, sus libros no se encontraban, si siquiera en muchas de las librerías de Alemania donde hizo carrera como escritora.

En fin, el Nobel se vino abajo… alcanzó con esta edición el nivel de los certámenes de belleza y los mercados de capitales. ¿Qué tendrán que ver Obama, Al Gore, Oscar Arias o Kofi Annan, con Gandhi o la Madre Teresa de Calcuta? No nos extrañe que la próxima vez le toque a Juanes, Angelina Jolie… o a Uribe, por contribuir a la Paz de la Región instalando siete bases militares norteamericanas en Colombia. ¿Qué estarán pensando quienes ostentan honesta y merecidamente este premio? Que lástima que no se les ocurrió nunca dárselo a Muhammad Alí, porque probablemente ya estaría una de estas famosas estatuillas navegando en las aguas de algún río norteamericano.